NIVEL 1
EL DISPARADOR
Hace un calor horrible. Cuando crees que estás a punto de formar parte del asfalto, te topas con una heladería.
Entras, te sientas y pides un helado de tu sabor favorito.
¡Es una delicia! El mejor helado que has comido en tu vida. Pero, de pronto, ves que hay algo justo en medio de la bola.
NIVEL 2
LA FORMA
Comienza in medias res.
Usa un narrador en primera persona protagonista.
Máximo 500 palabras.
NIVEL 3
EL DESAFÍO
Utiliza el tiempo presente para la narración.
Crea una escalada de acontecimientos que termine con todas las personas de la heladería implicadas.
El lector nunca debe saber qué hay en el helado.
Comparte tu relato en los comentarios y podrás ganar una asesoría, una edición o ser publicado en Fabularium.
El tipo sudoroso se termina otro helado y de nuevo se chupa los dedos, los diez dedos, con aquel desagradable sonido de succión. Toca la campanilla y en su mesa se abre un agujero, por donde, al instante, aparece otro helado. Se lo introduce hasta la garganta, hace una mueca de dolor y consigue tragárselo.
La heladería debía de ser nueva. Afuera, el aire abrasaba y la gente corría como si lloviera; solo que, en lugar de agua, caía radiación solar. El sitio era pequeño. Elegí el único sitio libre y esperé a ser atendido. En la mesa contigua estaba el hombre succionador; en otra, una mujer con dos críos; al fondo, un viejo con la dentadura postiza sobre la mesa. Nadie hablaba, solo engullían. Succionador se chupó los dedos, los diez dedos, tocó la campanilla, se abrió el agujero y apareció otro helado.
Por imitación, toco la mía. Al momento se abre la trampilla de la mesa y aparece un helado. Pruebo un poco. ¡Dios! ¡Qué estallido de sabor! Es como un orgasmo múltiple y vertiginoso sacudiéndome las entrañas. Sigo lamiendo y… ¿Qué demonios…? Hay algo duro en el interior del helado. Escarbo un poco más. Lo toco con la punta de la lengua. De pronto, el corazón se me dispara. Me invade un impulso irrefrenable y le doy un lametazo, y otro, y otro, lo muerdo, quiero devorarlo, me lo trago entero y apenas puedo respirar y la galleta del cucurucho me desgarra la garganta pero está tan delicioso que toco la campanilla y sale otro y me lo meto todo en la boca.
Estoy con el décimo cuando oigo que Succionador chilla y golpea su campanilla frenéticamente. Por el tono púrpura de su rostro, puede que se esté muriendo. Tal vez debería ayudarlo, pero antes me tomaría otro helado. Mientras mi esófago se dilata como una serpiente tragándose a su presa, hago sonar mi campanilla. La mujer y los críos también están gritando. El viejo está usando la dentadura como arma, serrando con ella la mesa. Succionador arremete a cabezazos contra la suya. Se le abre una brecha y una cascada de sangre oscura le cae por la frente hasta la barbilla como sirope de frambuesa. ¿Qué pasa con mi helado? Toco con más insistencia. Nada. No. No, no. ¡NO! Aporreo la campanilla, intento arrancarla, araño la mesa hasta que se me desprenden las uñas. No hay helado. Los dos niños están estrangulando a su madre. El viejo sigue serrando la mesa con la dentadura a la que ya apenas le quedan dientes. Succionador, tirado en el suelo, está cubierto de sangre, inconsciente. O muerto. Se ha desgarrado la camisa, mostrando la enorme barriga hinchada. Casi puedo oír sus ácidos estomacales borboteando. Imagino su bolsa estomacal llena, repleta, rebosante de delicioso helado. Debo actuar rápido, antes de que los jugos gástricos lo echen a perder.
@ferna.rra.ndo
Me ha encantado 🤪 muy loco.
Por cierto, el primer comentario de la web se merece un premio: ¡un helado!🍦 🤣
Bueno no, mejor una asesoría gratis. Felicidades y gracias por compartir tu relato.
Las plantas de mis pies se pegan y despegan de las sandalias haciendo un incómodo chirrido gomoso. Quiero poner mi mejor cara, pero el sudor me pica los ojos y me impide ver la vida color de rosa. Una inesperada brisa de aire acondicionado me seduce, la gente que sale del lugar va saboreando de manera tan audible que deberían pagarles regalías por la buena publicidad que hacen. Entro dispuesta a comprar lo que sea que vendan, el alivio es inmediato.
Por fin me puedo limpiar el sudor de la cara. Me rodean peceras de diferentes formas y tamaños, las más vistosas son cilindros de piso a techo con pececillos dando vueltas. Hay pocas mesas y están vacías, un mostrador al fondo despliega un arcoíris. ¡Es una heladería!
Una mirada me roza con suavidad, volteo y me encuentro a Cleo en un globo de cristal. Qué tontería, no puede ser mi pez dorado de la infancia, pero se le parece mucho. Hasta tiene la misma mancha blanca de media luna en su pecho que contrasta con el naranja intenso. Él también me reconoce, soy mayor pero sabe que soy yo. Tengo un golpe de calor, seguro. Necesito ese helado de inmediato.
—Bienvenida, ¿con qué sabor lo acompañarás?
No entiendo la manera en que me toma la orden pero lo dejo pasar y señalo lo importante: chocolate. Doy una vuelta por las peceras en lo que espero. Ningún otro pez parece reconocerme como lo hizo el doble de Cleo. La bola de helado es enorme, y no me dan cuchara; ya no hay nadie en el mostrador para pedirla.
Beso el chocolate, su textura cremosa se cuela entre mis labios, y llega a mí la proporción perfecta entre dulce y amargo. No quiero que se derrita y se desperdicie ni una gota, lo apuro y disfruto hasta que me encuentro con… caramelo. Veo a la empleada salir al mostrador.
—Disculpe.
Ella me mira y sonríe.
—Vienen cubiertos en caramelo, ¿verdad que sorprende?
Entonces es normal, no se equivocaron en mi orden. La chica se va antes de que le diga nada más. Es delicioso, necesito darle pequeñas mordidas. La combinación me resulta familiar, un recuerdo: estoy en casa y huele a la comida de mamá; papá llega temprano del trabajo y me da un regalo de cumpleaños. Escucho el ventilador mientras traquetea en su baile infinito de lado a lado. Mi hermana está aquí, riendo, tratando de abrir mi obsequio. Sarita, cómo te extraño…
Un gusto a sal me trae de vuelta. Las lágrimas corren y ya no tengo helado, pero pude ver a Sarita. Fue como si la tuviera conmigo otra vez. Saber que ya no está es un vacío que no estoy dispuesta a enfrentar. Necesito salir, correr, olvidar de nuevo. Cuando paso frente al globo de cristal, está vacío.
@days.withlau
Menudo viaje emocional, Laura. 🥹 Me ha gustado mucho, gracias por subirlo.