NIVEL 1
EL DISPARADOR
Has tenido un día muy duro.
Llegas a casa y lo único que te apetece es acostarte. Te duchas, comes algo rápido y te metes en la cama. Antes de que puedas contar tres ovejitas, estás durmiendo. Empiezas a soñar plácidamente.
Y ahora comienza la historia:
NIVEL 2
LA FORMA
Utiliza un narrador equisciente (tercera persona con punto de vista limitado).
Entra en la mente de tu personaje. Integra los pensamientos y sensaciones como parte de la voz narrativa.
Usa una estructura en espiral.
NIVEL 3
EL DESAFÍO
En el sueño, tu personaje ha tenido un día muy duro. Llega a casa y lo único que le apetece es acostarse. Se ducha, come algo rápido y se mete en la cama. Antes de que pueda contar tres ovejitas, está durmiendo. Empieza a soñar plácidamente.
Tu personaje va a entrar en un bucle en el que en cada sueño cambia algo. No hay que repetir todo el viaje. Lo importante es la dirección en la que lo sumerge la espiral: onírico, locura, realidad…
La espiral debe tener un final.
Comparte tu relato en los comentarios y podrás ganar una asesoría, una edición o ser publicado en Fabularium.
Registro Onírico
Sin decoración en el salón simple. Estaban reunidos en torno a la mesa: la familia blanca eslava y la negra. La negra expresaba su malestar y, por fin, desembuchaba. Decía, como tocando un secreto enigmático, lo que le molestaba: se refería a las mujeres del padre eslavo, a esas mujeres, a las otras mujeres del patriarca. Ante sus ojos reinaba el silencio y, vertiginosamente, se producía un asentimiento mudo generalizado. O al menos eso le parecía a ella.
La negra presumida sintió que, quizá así, tenía habilitado un permiso para tomar al hijo de los eslavos para sí. Lo sabía. Lo saboreaba como una victoria tardía.
Afuera, en la estación del tren, vio una línea roja en el andén que separaba hacia la derecha a los eslavos; a la izquierda, estaba de pie, sola. Ella jaló del brazo al hijo de los eslavos; lo tironeó para su lado. Ahora eran dos. Percibía que la incorporación del hijo no conformaba una unidad: para ella era un secuestro con permiso, un préstamo no consentido. La negra reía y lloraba y, por fin, el hijo eslavo, como una estatua, permanecía junto a ella. Lo sentía como una mezcla de hielo y dador de sí breves.
Después vino, como un hallazgo, lo que la cautivó: fue el pedido, por parte de él, de unos besos en los párpados. Ella, más inocente que amazona, se dejaba llevar. Sin embargo, no demoró en triunfar lo no cuajado; las bodas alquímicas anheladas aún no ocurrían. La parte nena de ella, gravemente herida, insistió temerosa, reclamando un ideal desmantelado. El hijo de los eslavos sería por años el motivo de consulta de sus terapias. Desregulada y sola, se escribió con la gillette.
Hasta la llegada de un beso al sapo príncipe que la polarizó. Obediente, su parte nena se mostraba servil: dejaba de fumar, leía El Aleph y escuchaba a la sinfónica. Lo tóxico llegó de visita una vez más. Ella buscaba su lenguaje, horoscopera y maya; entre runas celtas y médanos. Volvía a ver muchísimas líneas rojas de esas que separan y dividen. Ahora jugaba con ellas al elástico, se las tragaba devorándolas, al punto de que ella misma se convirtió en una línea y ya no hubo más andenes ni trenes.
Las vías eran ahora una escalera caracol, el humito de la locomotora escribía versos y la nena y ella se iban de paseo con capa y bastón; sus ojos de búho sonreían mientras se demoraban despertando un día cualquiera.
Es muy onírico, tienes razón 🤣
Me he vuelto un poco loco, pero me gusta. Gracias por compartirlo 😁