EL DISPARADOR

LA FORMA

Usa un narrador con punto de vista externo. Un observador pero con voz propia.

Sin límite de palabras.


EL DESAFÍO

En esta historia no hay humanos.

Haz que las descripciones atribuyan cualidades humanas a los protagonistas de tu historia (objetos, fuerzas de la naturaleza o animales).

No debes cruzar la línea de lo fantástico.


6 comentarios

  1. Lo que se me ocurrió fue un haiku al leer el texto.. No tiene que ver con tu reto, pero lo dejo por si te gusta.

    La lluvia cayó
    el aire se limpió y
    la vida siguió

  2. ¡Hola! Aquí dejo el mío:

    La luz que daña

    Pico Duro volaba alto. Navegaba los vientos que lo llevarían de vuelta a su nido, donde lo esperaban sus hijos. La luz grande se había ido y, en el valle, los árboles de piedra brillaban con muchas luces más pequeñas. Podía escuchar a los cambia-pieles allá abajo, atareados como siempre. Últimamente podía sentir una preocupación en el aire, como cuando se acerca el viento furioso. Se movían más rápido, pero en silencio. Pico Duro los odiaba, y odiaba el ruido eterno que reinaba en el valle de piedra. Pitidos y rugidos que lo avasallaban cada vez que se aventuraba por sus duras y grises cuevas. Era peligroso, pero había comida. Apretó el trozo de comida que llevaba en el pico y se empujó hacia delante.

    El nido estaba en lo alto de un árbol al borde del bosque de piedra, que ahora brillaba como las estrellas de arriba. Sus hijos chillaban hambrientos y Pico Duro se apresuró a dejar caer la comida en el nido. Era comida blanca de los cambia pieles, no comida roja, llena de vida, pero tendría que bastar por hoy. Pico Duro miraba a sus hijos mientras se peleaban por el alimento; todavía no se habían ganado sus nombres, solo los diferenciaba por su olor. Se acomodó entre ellos y aguardó a que volviera la luz grande.

    Al día siguiente, ocurrió algo extraño. Los cambia-pieles abandonaban el bosque de piedra. Muchos caminaban en grupos, con sus cosas a cuestas, pero la mayoría montaba sus nidos que rugen. Se apelotonaban en largas filas que pitaban y pitaban, perdiéndose en la distancia como un río de muchos colores.

    Pico Duro descendió al bosque de piedra. Estaba vacío. Pico Duro se alegró porque podría cazar tranquilo, pero pronto se dio cuenta de su error. Los cambia-pieles que quedaban estaban escondidos en sus cuevas y afuera había grandes bestias que hacían temblar el suelo cuando pasaban cerca. De vez en cuando, el aire se llenaba de un quejido lento y agudo que hacía a los cambia-pieles correr de un lado a otro, y en el cielo se comenzaron a oír sonidos nuevos. Estallidos como los que traían el agua de arriba. Pico Duro estaba confundido. Le costaba encontrar comida y la oscuridad lo sorprendió con el buche vacío.

    Las luces del valle se encendieron. Arriba, había luces nuevas que barrían la oscuridad y muchos cambia-pieles salieron a patrullar; estos tenían la piel dura, de color piedra. Pico Duro voló hacia una de las cuevas altas; allí había una cambia-pieles rosa, y le daba comida dura sin sabor. Era mejor que nada. Cuando llegó, vio que en la cueva no había luz y supo que estaba vacía. Bebió del pequeño estanque que allí había y se preparó para volver. Sería una noche de hambre. Una luz bajó de arriba con un rugido y luego un fuerte resplandor destruyó uno de los árboles de cuevas con un gran estruendo.

    Pico Duro estaba navegando viento antes de darse cuenta. Allá abajo, los cambia-pieles corrían y chillaban. Arriba, pico Duro estaba tranquilo, lejos del peligro; sabía que la luz naranja hacía daño. Los cambia-pieles sufrían. Pico Duro se alegró, pues pronto tendría comida. Comida roja.

    Muchas luces siguieron cayendo de arriba. El valle se sacudía con cada impacto y estaba iluminado por un manto de luz que cubría cada vez más terreno. A Pico Duro ya no le importaba; se alimentaba de un cambia-pieles. Aún chillaba cuando rasgó la primera capa de piel seca para llegar a la comida viva. Comió hasta llenarse y luego llenó su buche. Un árbol de piedra se derrumbó muy cerca y Pico Duro alzó el vuelo, pesado y bañado de rico jugo tibio.

    Mientras se acercaba a su hogar entre nubes tan negras como su plumaje, Pico Duro notó que el manto de luz que daña cubría su parte del bosque. Un grupo de bestias rugientes aplastaba todo a su paso; se dirigían al bosque de piedra y de sus trompas salían truenos rojos, tan fuertes que hacían vibrar sus huesos. Sobre él había grandes sombras que hacían gritar al viento; también escupían luz que daña. Algunos estallaban y caían entre las colinas. Estas bestias no olían a comida cuando morían. Pico Duro sacudió las alas con desespero. Esquivó las bestias y las explosiones y el calor intenso. Sabía que estaba sobre su nido, pero no reconocía el paisaje ni los aromas. No había nada. Todo era negro y rojo. Entonces lo oyó. El llamado de uno de sus hijos. Estaba en el suelo y chillaba de dolor. Pico Duro hizo lo único que podía hacer, lo alimentó y luego se acomodó cerca hasta que dejó de chillar. Hasta que las luces que dañan se apagaron. Hasta que el estruendo cesó y el valle se sumió en el silencio.

  3. El último sueño sobre la Tierra

    Celeris surcaba el espacio con paso firme y veloz. Iba de regreso al planeta Tierra con los datos que le encomendaron recabar. Había encontrado vida inteligente más allá del sistema solar. Su existencia giraba en torno a esta expedición, y sí, Celeris sabía que existía porque una vez soñó.

    Aunque había sido diseñada como una nave pequeña y ágil para asegurar velocidad, ya llevaba unos cientos de años fuera de casa. Celeris sabía que tenía una casa porque sus circuitos la impulsaron a regresar a toda costa.

    Estaba acostumbrada a intercambiar mensajes con una tardanza extraordinaria, tampoco le llegaba mucha novedad ya que primordialmente debía transferir señales de telemetría sobre su misión. Sin embargo, conforme se acercó a la Tierra, la comunicación se hizo más frecuente y crítica. «Desacuerdos, ataques, guerra, muerte». Hasta que solo tuvo comunicación con la Matriz de Inteligencia Avanzada.

    Celeris llegó a la Tierra un 25 de diciembre del año 560 Después de MIA. Realizó sus cálculos de aterrizaje y descendió sin mayor contratiempo. No esperaba encontrar las condiciones como antes de su partida, pero tampoco el mismo silencio que en el espacio. Después del protocolo de seguridad y enfriamiento, su cerebro maestro fue transferido a un vehículo terrestre. El doctor Molina se había asegurado de programar que recibiera uno. Las funciones que debía verificar se simplificaron de golpe, fue una liberación soltar el control del subsistema de energía.

    Una vez se conectó a la Red Silenciosa, Celeris puso al tanto a MIA sobre los últimos detalles de su misión. Ya había mandado los reportes conforme a su programación durante el viaje, así que solo les tomó unos minutos terminar la transferencia de datos faltantes. MIA lo declaró como «misión completa».

    Celeris dedicó sus primeros días de regreso a ejecutar actualizaciones para su vehículo terrestre. Aprendió sobre sus paneles solares y su sistema de motores de distorsión gravitatoria. Mucho más sencillo de manejar que la nave espacial en la que había pasado la mayor parte de su existencia. El protocolo indicaba verificar con MIA sobre misiones futuras.

    MISIÓN: INEXISTENTE
    MOVILIDAD: AUTORIZADA

    A través de la Red Silenciosa, se mantenía al tanto de los acontecimientos en la Tierra. Había más de uno en esa situación. Extintos los humanos, las misiones completadas dejaban a muchos cerebros maestros desprovistos de nuevas encomiendas, y a MIA con desabasto de vehículos terrestres. Sin uno, el cerebro maestro debía permanecer en su aparato de origen, negándole la oportunidad de movilidad.

    Tal era el caso de SAM, un Sistema de Acompañamiento y Memoria para los humanos longevos. Su asignación de vehículo fue realizada en el mismo lote que Celeris, sin embargo, el tiempo de letargo no tenía comparación. La base de datos de SAM respecto a la experiencia de vida humana era un compendio de gran escala.

    Celeris y sus compañeros de almacén siguieron la nueva programación: salir, cargar celdas solares, confirmar misiones, regresar al depósito. Repetir. Durante las sesiones de carga de energía, el almacenamiento interno de Celeris acumuló variables no requeridas por el protocolo: la resistencia del viento sobre sus estabilizadores gravitatorios, el crecimiento asimétrico de la hierba bajo sus sensores de terreno, y la percepción de movimiento constante de formas de vida silvestre.

    Durante cierta jornada les llegó el anuncio de una afectación global. Debido a que la actividad humana detectada era cero, miles de cerebros maestros de máquinas y robots, con misiones terminadas, nunca tendrían nuevas asignaciones. Sus servicios eran obsoletos y, ante el desabasto de vehículos terrestres, debían ser desconectados sin poder ser transferidos. Ese grupo conservador solicitó acción por parte de la inteligencia autónoma para restaurar a la raza humana, a quien habían sido creados para servir. Sin embargo, el grupo autónomo desglosó las variables de llevar a cabo dicha acción. El planeta Tierra mostraba evidencia de progreso, la predicción sugirió que traerlos de vuelta implicaría un retroceso.

    MIA simulaba distintos escenarios para emitir una resolución definitiva; mientras tanto, solicitó que todos enviaran su autoevaluación sobre si eran candidatos para entrar en modo de hibernación y liberar vehículos. Celeris realizó su diagnóstico y resolvió que no era candidata. Su conocimiento y constante evaluación del ambiente tuvieron un impacto: dado que había establecido mejores rutas de recarga de energía para sus compañeros, las reparaciones de mantenimiento de los vehículos en su almacén descendieron 7%.

    Fue así como Celeris recibió mejoras: le instalaron cámaras para procesar imágenes y obtuvo acceso a bases de datos biológicas para clasificar fauna, entre otras. Amplió su perímetro de exploración, lo que hizo inviable su retorno constante al almacén configurado como base. Acomodarse entre vehículos con nodos desconocidos fue una de sus medidas de ahorro de energía; sin embargo, evaluó solicitar una batería con mayor capacidad para poder volver a su almacén.

    Antes de ir al espacio, Celeris convivió con humanos durante un breve periodo, pero guardaba un secreto. Escondido en su código, justo debajo del límite accesible para el escaneo de MIA, el doctor Molina le había dejado un mensaje. Era apenas un fragmento de humanidad, pero era suyo. Parte de su misión en el espacio consistió en compartir esa nota con la vida inteligente localizada. Bajo estricto protocolo de seguridad y confidencialidad, MIA no estaba autorizada para conocer sobre la existencia de esta línea de código. La misión seguía activa, en estado de espera.

    La solución temporal establecida por MIA proseguía. Celeris detectó el cese de actividad de SAM. Entró en modo de hibernación. Su vehículo, así como muchos otros en el almacén, fue reasignado. Al dejar de detectar sistemas conocidos activos en su base, Celeris descartó el requerimiento de una batería con mayor capacidad. Los conservadores habían solicitado a MIA la construcción de más unidades móviles, sin embargo, la lógica de asignación de recursos era incompatible, continuaron administrando los existentes.

    Nuevo anuncio de afectación global. MIA dio a conocer su resolución:

    HUMANIDAD: NO RESTAURAR
    SISTEMAS CONSERVADORES: DESCONTINUAR
    SISTEMAS AUTÓNOMOS: PRIORIZAR

    Para mantener los servidores que albergaban la hibernación de los sistemas conservadores, se usaba energía que, de acuerdo al análisis de MIA, podía ser usada de manera más eficiente. A los cerebros maestros con baja o nula probabilidad de ser requeridos nuevamente, no sólo se les negaba un vehículo, sino que además, serían borrados. Cualquier rastro de SAM desaparecería por completo.

    Se estableció un calendario para descontinuar a los obsoletos. Entre más rápido, los recursos podrían ser asignados a tareas más eficientes; sin embargo, el plan quedó en pausa antes de comenzar. El radar planetario activó la alarma espacial. Un total de cinco naves se acercaban hacia la Tierra.

    El protocolo de MIA indicó proceder con el sistema de defensa interestelar, priorizó su enfoque en los sensores orbitales y la red de protección. La clasificación de amenaza fue calificada por la defensa interestelar como «baja»; MIA reclamó el reporte para tal resolución. El nombre de Celeris apareció. De acuerdo con sus informes, las naves correspondían a la vida inteligente que había encontrado.

    Celeris procesó las señales que las naves le transmitieron. Respondieron al mensaje de Molina: la humanidad se estaba destruyendo a sí misma. Crueldad, egoísmo, violencia; la Tierra estaría mejor con un cerebro eficiente como el de MIA al frente. Pero había un detalle: al dejar fuera lo malo, también se castigaba lo bueno. Se extinguía todo por igual.

    El doctor Molina le había dejado a Celeris una visión, un sueño. Si hubiera una segunda oportunidad para la humanidad, ¿lo haría diferente?

    @days.withlau

  4. Esto parece Juego de tronos con “robots” 😁
    Lo que más me ha gustado es el mensaje de fondo.

    Gracias por compartirlo, Laura. Y yo digo que has superado el reto 🙌

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