EL DISPARADOR

LA FORMA

Usa un narrador con punto de vista externo. Un observador pero con voz propia.

Sin límite de palabras.


EL DESAFÍO

En esta historia no hay humanos.

Haz que las descripciones atribuyan cualidades humanas a los protagonistas de tu historia (objetos, fuerzas de la naturaleza o animales).

No debes cruzar la línea de lo fantástico.


4 comentarios

  1. Lo que se me ocurrió fue un haiku al leer el texto.. No tiene que ver con tu reto, pero lo dejo por si te gusta.

    La lluvia cayó
    el aire se limpió y
    la vida siguió

  2. ¡Hola! Aquí dejo el mío:

    La luz que daña

    Pico Duro volaba alto. Navegaba los vientos que lo llevarían de vuelta a su nido, donde lo esperaban sus hijos. La luz grande se había ido y, en el valle, los árboles de piedra brillaban con muchas luces más pequeñas. Podía escuchar a los cambia-pieles allá abajo, atareados como siempre. Últimamente podía sentir una preocupación en el aire, como cuando se acerca el viento furioso. Se movían más rápido, pero en silencio. Pico Duro los odiaba, y odiaba el ruido eterno que reinaba en el valle de piedra. Pitidos y rugidos que lo avasallaban cada vez que se aventuraba por sus duras y grises cuevas. Era peligroso, pero había comida. Apretó el trozo de comida que llevaba en el pico y se empujó hacia delante.

    El nido estaba en lo alto de un árbol al borde del bosque de piedra, que ahora brillaba como las estrellas de arriba. Sus hijos chillaban hambrientos y Pico Duro se apresuró a dejar caer la comida en el nido. Era comida blanca de los cambia pieles, no comida roja, llena de vida, pero tendría que bastar por hoy. Pico Duro miraba a sus hijos mientras se peleaban por el alimento; todavía no se habían ganado sus nombres, solo los diferenciaba por su olor. Se acomodó entre ellos y aguardó a que volviera la luz grande.

    Al día siguiente, ocurrió algo extraño. Los cambia-pieles abandonaban el bosque de piedra. Muchos caminaban en grupos, con sus cosas a cuestas, pero la mayoría montaba sus nidos que rugen. Se apelotonaban en largas filas que pitaban y pitaban, perdiéndose en la distancia como un río de muchos colores.

    Pico Duro descendió al bosque de piedra. Estaba vacío. Pico Duro se alegró porque podría cazar tranquilo, pero pronto se dio cuenta de su error. Los cambia-pieles que quedaban estaban escondidos en sus cuevas y afuera había grandes bestias que hacían temblar el suelo cuando pasaban cerca. De vez en cuando, el aire se llenaba de un quejido lento y agudo que hacía a los cambia-pieles correr de un lado a otro, y en el cielo se comenzaron a oír sonidos nuevos. Estallidos como los que traían el agua de arriba. Pico Duro estaba confundido. Le costaba encontrar comida y la oscuridad lo sorprendió con el buche vacío.

    Las luces del valle se encendieron. Arriba, había luces nuevas que barrían la oscuridad y muchos cambia-pieles salieron a patrullar; estos tenían la piel dura, de color piedra. Pico Duro voló hacia una de las cuevas altas; allí había una cambia-pieles rosa, y le daba comida dura sin sabor. Era mejor que nada. Cuando llegó, vio que en la cueva no había luz y supo que estaba vacía. Bebió del pequeño estanque que allí había y se preparó para volver. Sería una noche de hambre. Una luz bajó de arriba con un rugido y luego un fuerte resplandor destruyó uno de los árboles de cuevas con un gran estruendo.

    Pico Duro estaba navegando viento antes de darse cuenta. Allá abajo, los cambia-pieles corrían y chillaban. Arriba, pico Duro estaba tranquilo, lejos del peligro; sabía que la luz naranja hacía daño. Los cambia-pieles sufrían. Pico Duro se alegró, pues pronto tendría comida. Comida roja.

    Muchas luces siguieron cayendo de arriba. El valle se sacudía con cada impacto y estaba iluminado por un manto de luz que cubría cada vez más terreno. A Pico Duro ya no le importaba; se alimentaba de un cambia-pieles. Aún chillaba cuando rasgó la primera capa de piel seca para llegar a la comida viva. Comió hasta llenarse y luego llenó su buche. Un árbol de piedra se derrumbó muy cerca y Pico Duro alzó el vuelo, pesado y bañado de rico jugo tibio.

    Mientras se acercaba a su hogar entre nubes tan negras como su plumaje, Pico Duro notó que el manto de luz que daña cubría su parte del bosque. Un grupo de bestias rugientes aplastaba todo a su paso; se dirigían al bosque de piedra y de sus trompas salían truenos rojos, tan fuertes que hacían vibrar sus huesos. Sobre él había grandes sombras que hacían gritar al viento; también escupían luz que daña. Algunos estallaban y caían entre las colinas. Estas bestias no olían a comida cuando morían. Pico Duro sacudió las alas con desespero. Esquivó las bestias y las explosiones y el calor intenso. Sabía que estaba sobre su nido, pero no reconocía el paisaje ni los aromas. No había nada. Todo era negro y rojo. Entonces lo oyó. El llamado de uno de sus hijos. Estaba en el suelo y chillaba de dolor. Pico Duro hizo lo único que podía hacer, lo alimentó y luego se acomodó cerca hasta que dejó de chillar. Hasta que las luces que dañan se apagaron. Hasta que el estruendo cesó y el valle se sumió en el silencio.

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